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FRIDAY, JANUARY 27, 2006   

GLADYS GONZÁLEZ, PROFESORA WAYÚU EN LA UNIVERSIDAD BOLIVARIANA :
"INDÍGENAS P'ALANTE, NO MIRAR ATRÁS"
Emma Grand

Esta venezolana nació el 14 de octubre de 1966, dos días después del antiguo "día de la raza", hoy la conmemoración de la Resistencia Indígena. Pero ella anda en otra frecuencia, la misma de Evo Morales: llegó la hora de que la patria sea grande y de todas las pieles. Su raza es espiral, y se la pinta en la cara.

Los wayúu son gente de desierto y calor, de las planicies de la Guajira, en el occidente de Venezuela, en el nororiente de Colombia, por donde está Maracaibo. Pastores itinerantes, se han incorporado por la fuerza implacable de la sobrevivencia a la vida sin ley de aquellas zonas donde un día el petróleo empezó a dictar las reglas.

Madre, esposa, amiga, hermana, profesional y luchadora, Gladys González es la encargada de la dirección de Pueblos y Culturas Indígenas de la Universidad Bolivariana, con sede en Caracas. Se siente orgullosa ser wayúu y haber nacido en la comunidad Ishipaa del Clan Jinuu de la Alta Guajira en el estado Zulia.

Su atuendo transmite su apego a sus orígenes. Vestida con una manta conocida como Sheii en idioma wayúu y descrito por ella misma como el traje que identifica a la mujer de su pueblo. De color salmón, con bordados de rosas hechos a mano, combinado con unas sandalias blancas de tacón alto, admite que las mujeres de su pueblo son muy coquetas, mientras se deja ver en su rostro color canela dos espirales en cada mejilla, hechas con su lápiz labial rojo. "El mundo wayúu es una espiral. Nuestra vida no termina ni en el cielo ni en el infierno, vamos para el lugar de los indios muertos, vamos para Espirra".

Cómo empezó todo: su relato

Cuando tuve la edad para entrar a la escuela primaria, mis padres se trasladaron a la ciudad de Maracaibo, en busca de la educación formal de la cultura occidental, pero en el transcurrir de la niñez a la adolescencia fui educada por mi madre en la cultura indígena. Debí aprender cómo desenvolverme en la sociedad wayúu, dentro de la familia, y mi responsabilidad con ellos. Eso es debido a que en el pueblo wayúu nuestra línea es matrilenial, somos las mujeres las que muchas veces llevamos la voz en nuestra comunidad, quienes también ayudamos a un progreso material, con nuestros consejos guiamos a los hombres en su comportamiento cuando surgen problemas dentro de la comunidad. Las mujeres escuchamos para poder dar consejos sabios a los hombres. Más que nuestros esposos son nuestros compañeros de vida. Eso nos lo han enseñado nuestras abuelas desde hace mucho tiempo a través del juego, porque a partir de ahí nosotras, las mujeres wayúu, aprendemos nuestra educación inicial.

Ser o no ser (bautizada)

Yo crecí con las dos educaciones, la propia de mi pueblo y la occidental. Para mí fue muy difícil porque tuve que aprender a hablar dos idiomas a la vez, el Wayúunaiky (idioma wayúu) y el ahijunaiky (castellano). Cuando hice la primaria en Maracaibo, me di cuenta que nosotros los indígenas no éramos aceptados dentro de esta sociedad, nos decían que éramos unos niños sucios, piojosos, con problemas de aprendizaje. Al cumplir 15 años tuve mi primer choque con la cultura occidental, quise optar por un curso de secretariado, y decidí ir a la escuela de monjas Cristo Rey, aún no se me olvida esa experiencia tan triste. En la entrevista para ingresar al instituto, las monjas me preguntaron si mis padres estaban bautizados o casados. Yo les respondí que por la iglesia no, pero que por la cultura wayúu sí. Luego me preguntaron si me habían bautizado, y yo les dije que no porque mi papá dice que Dios está en todas partes, y que para adorar una imagen que no tiene movilidad, es mejor sentarse debajo de un árbol y orarle. Porque Dios nos va a escuchar. Después de la entrevista, las monjas me pidieron que las llevara a mi casa. Al ver cómo vivíamos, nos dijeron que parecíamos unos animales y que yo era un animal. A partir de ese acontecimiento decidí que debía trabajar por mi pueblo y por mi educación. Era difícil estudiar porque estábamos regidos por la ley de las misiones católicas. Eran los curas quienes recibían todas las ayudas económicas que nos daban los gobiernos para los pueblos indígenas. Ellos nos imponían su educación (la católica), donde los indígenas no teníamos derecho a aprender de nuestra propia cultura.

Idioma,

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